El crédito entre particulares orientado a la mujer busca reducir la brecha de género en el acceso a la financiación. A través de plataformas de inversión colaborativa, miles de mujeres consiguen capital para lanzar emprendimientos, consolidar sus negocios o cubrir necesidades familiares.
Las redes de préstamos privadas e inclusivas valoran especialmente la elevada tasa de cumplimiento de reembolso que demuestran estadísticamente las mujeres. Esto permite negociar tasas de interés preferenciales y plazos de devolución acordes con el ritmo de crecimiento de sus actividades.
Para acceder a estas soluciones no siempre se exige un aval bancario formal. Muchas iniciativas se basan en el aval comunitario o en la presentación de un plan de negocio sólido que demuestre la sostenibilidad económica a medio y largo plazo.
En América Latina, entidades como Pro Mujer ofrecen servicios financieros y de capacitación orientados a mujeres sin acceso a la banca comercial, conectándolas con redes de crédito social.
En la región andina y centroamericana, plataformas operativas como Crecer IFD facilitan el otorgamiento de microcréditos individuales y grupales para impulsar el liderazgo económico de las mujeres trabajadoras.
La formalización de estos créditos mediante contratos claros permite a las empresarias edificar un historial crediticio independiente que refuerza su posición en el mercado financiero formal e informal de sus respectivos países.